En la implantación se opto por aprovechar la cañada natural para desarrollar un espejo de agua para reflejar los edificios e incorporando así la flora y fauna acuáticas a la colección del jardín.
El parque debía ser una expresión sensorial para los visitantes. Para conseguirlo tuvieron que colocar un sistema de pasillos, rampas, escaleras y pasarelas tanto interior como exterior. El juego de visuales que se van logrando a medida que se recorre el sitio son asombrosas.
El edificio a su vez se dividió en dos partes, una didáctica y otra de investigación. El didáctico cuenta con tres volúmenes diferenciados: el invernáculo, el aviario y la sala de exposiciones. En cambio en el volumen de investigación se encuentran: los laboratorios, las oficinas, la biblioteca, el herbario y el banco de germoplasma.
Estos sectores se vinculan a través de una plaza con un muro de hormigón plegado y áreas semicubiertas.